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Un refugio de oro

27th December 2016

En sus casi 70 años Miguel Sánchez no recuerda una humillación más grande que la vivida el 23 de diciembre, a unas horas de celebrar la Nochebuena en Salaverna. Antes de relatar su experiencia se detiene unos segundos y con voz firme repite: “No vamos a vivir arrodillados. Aquí ya estamos en la lucha hasta vencer o morir”.

Salaverna, Zacatecas, tiene más historia y entereza de sus habitantes que oro y plata en las entrañas; los pobladores mantienen la resistencia contra la minera Frisco-Tayahua, que pretende desaparecer el pueblo para crear una mina a cielo abierto, con el fin de explotar oro y plata.

Don Miguel SánchezDon Miguel Sánchez

Tayahua comenzó sus operaciones en la zona en 1972, hasta que en 1997 Frisco, propiedad de Carlos Slim,adquirió 51 por ciento de las acciones y en mayo de 2011 incrementó 90.2 por ciento su participación.

En 2010 comenzaron los trámites para la explotación a cielo abierto justo en el punto donde se erige Salaverna, con lo que pretenden obtener una producción diaria de 5 mil 500 toneladas de plomo, cobre, zinc, plata y oro.

La primera gran detonación que provocó hundimientos y comenzó a destruir su patrimonio mobiliario, fue el 4 de diciembre de 2012, este hecho fue aprovechado por la minera y el gobierno de Zacatecas para asegurar que la zona tenía fallas geológicas, que, en realidad, no se habían visto hasta las detonaciones subterráneas en la mina, por lo que tenían que desalojar Salaverna.

Con ese argumento se llevaron a casi la mitad de la población al Nuevo Salaverna, construido e impuesto por la minera. Desde esa fecha Frisco-Tayahua no ha dejado de amargar las navidades y fines de año de los habitantes; y la de este 2016 no fue la excepción.

El 23 de diciembre don Miguel, Roberto de la Rosa, líder de la resistencia; y los demás pobladores aún en defensa de Salaverna, acudieron al llamado de la directora de Asuntos Agrarios y Territoriales del gobierno de Zacatecas, Gloria Esparza Rodarte, quien los citó en la ciudad a las 9 de la mañana con la promesa de que les daría datos del registro público de la propiedad, para llegar a esa hora tenían que salir a las 3 de la mañana.

Salaverna se quedó solo con sus mujeres, niños y personas de la tercera edad. Fue a las 7 de la mañana cuando llegaron vehículos de la policía, protección civil y hasta ambulancias, “por si sufríamos un ataque de nervios, traían equipo, nada más faltaron los ataúdes, una vez firmando ahí estaban los ataúdes”, detalló don Miguel.

Recuerdan que más que notificados, fueron secuestrados al cerrar los cuatro accesos a la población e impedirles ayuda de comunidades vecinas.

Ese mismo 23 de diciembre de 2016 un juzgado determinó que 3 mil 804 hectáreas de la zona son propiedad de Carlos Slim solo para explotación minera, es decir en el subsuelo, pero no en la superficie.

De acuerdo al reporte anual de Frisco-Tayahua, de Slim, en 2014 tuvo una producción de poco más de 12 mil 350 mil millones de pesos. Para entrar a la competencia con la canadiense y disparar las ganancias, habría que convertir a Salaverna en una mina a cielo abierto, en una área de 42 hectáreas, con diámetro de casi un kilómetro y medio.

Junto con la notificación de esta determinación llegó la maquinaria con la intención de derrumbar sus casas, para evitarlo arriesgaron su integridad al colocarse entre las máquinas y sus propiedades, solo de esta manera lograron evitar que continuaran la destrucción de sus hogares.

Uno de los últimos refugios que tenían era la iglesia, donde por 74 años celebraron sus fiestas más importantes, las que reunían a las casi 200 familias que dieron vida a Salaverna y aunque por las detonaciones presentaba severas cuarteaduras, aquel viernes fue derribada en su totalidad, junto con las únicas dos escuelas que, recuerdan cuando todo marchaba bien, cada mañana recibía a alumnos de todas las edades para aprender de la historia del país.

Entre los caminos de la escuela que antes eran adornados por maquetas e ilustraciones de “los grandes héroes de la patria”, como Miguel Hidalgo, ahora se puede caminar entre boletas de calificaciones; listas de asistencia; libros de historia, civismo y ética, deshojados, con páginas que pasan al viento donde se lee “la importancia de nuestra identidad”. Entre algunos escombros al fondo se alcanza a ver lo que queda de la cancha de basquetbol, donde se pueden recoger del suelo las fotografías de los estudiantes que nunca más verán el Salaverna original, de más de 500 años de historia.

Las familias de la resistencia en Salaverna aún se preguntan por qué hacer tanto daño a una comunidad centenaria, que tanto le ha dado al estado y al país.

Académicos zacatecanos, que han estudiado a las mineras, explican que la razón son las cifras, las ganancias.

La canadiense Gold Corporation es la minera más importante en América Latina y cuenta con una mina en Peñasquito, Mazapil, en el mismo municipio de Salaverna; de acuerdo con Federico Guzmán, especialista en megaproyectos mineros de la Universidad Autónoma de Zacatecas, de 1982 a 2014 Peñasquito contaba con reservas probadas de oro de 17 millones 400 mil onzas, las cuales a precios internacionales son de 22 mil millones de dólares; mientras que de plata son de 1,046 millones de onzas, equivalentes a 19 mil 874 millones de pesos.

Rodolfo García Zamora, investigador de la UAZ, detalla que mientras los gobernadores aseguran que la minería es el eje de la modernización del estado, mismos que han despojado de sus tierras a los pobladores originarios, “esto es falso, Zacatecas lleva 470 años sufriendo los consecuencias negativas de la minería y sigue siendo un estado con pobreza y marginación. Aún hay 900 mil pobres, 300 mil pobres alimentarios, y 121 mil jóvenes y niños que no estudian ni trabajan”.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) señala que en 2010 72.7 por ciento de la población de Mazapil continuaba en situación de pobreza; a escala estatal, este índice en ese mismo año fue de 60.2 por ciento; a escala nacional, fue de 46.3 por ciento de la población.

Miguel Ángel, hijo de don Miguel y originario de Salaverna, de 23 años, relató que la tarde de ese viernes “me agarraron entre cuatro policías y me tomaron del brazo, me sometieron y me bajaron al piso y uno de ellos me golpeó contra el pavimento”.

Daniela, también habitante de Salaverna, de 29 años añadió: “los dueños de la maquinaria nos decían no señoras, váyanse a sus casas, ya no discutan con nosotros, vayan a sus casas a empacar, después de que terminemos con la escuela y con la iglesia vamos a seguir con sus casas”.

De acuerdo con Guzmán, por cada 5 mil dólares generados por estas extracciones, solamente cinco centavos se quedan en Zacatecas.

Salaverna fue fundada en 1600 por el Marqués de Aguayo, un lugar donde encontraron plomo, plata y oro, que comenzaron a explotar con rudimentarios hornos a base de palma. Por cientos de años la minería y el desarrollo de Salaverna avanzaron juntos.

Hasta que llegó Frisco-Tayahua que pretende cambiar sus propiedades que son de hasta 600 metros cuadrados por pequeñas casas de 15 metros cuadrados, del fraccionamiento con aspecto de interés social que llamaron Nuevo Salaverna, sin posibilidad de tener terreno para sembrar o para ganado, por lo que tendrían que deshacerse de la vida que llevan.

Miguel Sánchez señaló que la sentencia fue: “ustedes se van a ir porque se van a ir, ya las casas están hechas y no hay otra parte a donde se vayan más que ahí, cuando nosotros nos abrimos al diálogo y las propuestas que hicimos nos las tiró al aire”.

Los habitantes de Salaverna piden que en el último de los casos se les entregue un terreno con las mismas dimensiones que su comunidad y poder desarrollar sus actividades tradicionales, además de certeza jurídica al lugar donde sean reubicados.

Roberto de la Rosa es el líder de la resistencia en Salaverna, diario recorre más de diez kilómetros tras sus 115 chivas, actividad que lo ha mantenido por años, como a los demás pobladores. “Exigimos que se nos devuelva nuestra tranquilidad y que este lugar no se convierta en un infierno. Nuestras familias son de muchas generaciones, no son de este siglo, ni del siglo pasado, son de antes aquí en la región, vinieron y nos quitaron nuestra tranquilidad”.

En su fundación, a Salaverna también llegaron los jesuitas y a los españoles les costó más de 80 años derrotar a los indios Guachichiles. Hoy la minera de Carlos Slim pretende desaparecer el pueblo, en el que estas 16 familias resisten el embate de la minera.

“Si realmente se respetara la reglamentación de protección civil no se estaría dinamitando debajo de la tierra con pobladores en la superficie. Las 22 familias (ahora 16) reivindican el derecho de posesión de más de 100 años que está por encima de cualquier título de propiedad”, asegura el académico García Zamora.

La última palabra podría tenerla el Congreso estatal, quienes expusieron una muestra de su interés el pasado 28 de diciembre cuando pobladores denunciaron los últimos derrumbes en Salaverna durante un evento en el teatro Calderón, del centro de la ciudad de Zacatecas. Cuando los afectados tomaron la palabra, algunos diputados los ignoraron y ocuparon el momento para tomarse fotografías con los asistentes al evento.

En medio del litigio, Sedatu tiene que emitir un veredicto en la tercera semana de enero, a partir de los estudios que hicieron y determinarán si efectivamente los derechos de posesión de la comunidad por más de 100 años están por encima de los documentos que presenta la minera.

Don Miguel le dedicó a la minera de Salaverna más de la mitad de su vida, entró a trabajar a los 25 años y lo despidieron a los 62 años por negarse a salirse de sus terrenos para irse a vivir a donde la empresa decidió que sería su nueva casa. Ganaba mil pesos a la semana.

“Nos están devorando, pero ya miedo no tenemos, estamos dispuestos a lo que venga pero que sea o todos armados o todos desarmados y así le atoramos, ellos por tener armas vienen a abusar”.

Si de algo tiene certeza don Miguel es que aún si se trata del hombre más rico del mundo o el municipio más pobre de su estado, desde cualquier trinchera, todos tienen derecho a vivir en el lugar que eligieron sus ancestros y que ahora ellos defienden para heredarlo a las futuras generaciones.

Almanza
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Almanza

Periodista, de corazón puma.

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