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Tomas es puto

Tomas es puto

Cada obra lleva su tiempo, su ritmo, su proceso de maduración hasta el punto y final. Hasta que queda cerrada, en pinceladas, para siempre; no en ideas ni en historia: en lo material.

Por ejemplo, Antonio Luquín tardó casi tres meses en pintar las esferas metálicas hechas de las partes cóncavas de los tanques de gas estacionarios del Club Condesa. Cada una pesa 200 kilos. Este pesado infierno de Dante al óleo, de poco más de 600 kilos, en forma circunferencial, llevó un largo proceso de pintura del autor, de paciencia y observación.

Pero el maestro Rafael Cauduro es impredecible y controversial. A lo largo de su carrera ha metido filo en sus pinceles en los temas sensibles de la sociedad, como lo hizo con los murales que pintó en el vetusto edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los cuales recuerdan diariamente a los magistrados, cada vez que pasan por ahí, los siete crímenes mayores cometidos sistemáticamente en México: la tortura, los procesos burocráticos viciados, la violación, el secuestro, la represión, el encarcelamiento y el homicidio.

Pocas veces acude Rafael Cauduro a alguna exposición, pero esta vez llegó una noche antes del 15 de junio al espacio de El Ahuehuete, para terminar su obra en exhibición. El mismo artista que ha dicho que la peor palabra que le va al arte es “serio” entró tan campante y tranquilo como cualquier visitante. Informal, sencillo, sin protocolos, así llegó.

Cauduro intervino un deteriorado tablero de energía eléctrica utilizado hace 140 años en una mina de Zacatecas. Este objeto, que hace más de un siglo fabricó la entonces empresa Westinghouse Electric, fundada por George Westinghouse y Nikola Tesla, en 1886, y que representaba la contraparte del otro inventor archireconocido y laureado, Thomas Alva Edison, aunque al final de esta historia Wetinghouse y Tesla hayan ganado la carrera porque sus productos dominaron y se impusieron en el mercado.

Una viejísima historia, la famosa guerra eléctrica de esos años, que Rafael Cauduro regresa en este objeto. Abre un puente con sus pinceles, dibujando a Tesla en un costado, y pintando varias ecuaciones y mediciones eléctricas en todo el cuerpo del tablero eléctrico que parecen sustraer aquellas energías que corrieron y se distribuyeron entre sus cables. Una obra para observarla a detalle y trasladarse a aquellos años. Qué mejor objeto también para investigar la teoría siempre presente de que Thomas (con ache) Alva Edison nació en Sombrerete, Zacatecas. Al menos, su padre y madre se conocieron en esa comunidad con corazón minero, donde fue llevado el tablero eléctrico que pintó Cauduro.

Pero lo que hace Cauduro esa noche del 14 de junio es excepcional. La obra se creía terminada, y no. En algún momento el artista escribe, un poco más abajo del dibujo de Tesla: “Tomas es puto”. Así, sin ache, como se escribe Tomás en México, pero respetando la falta de tilde para pronunciarlo con acento estadounidense: Tomas. En ese momento el tiempo de la obra completó su ciclo. La historia negra de aquellas pugnas resucitaba en este objeto.

Seguramente, también, ya metidos en las especulaciones del tiempo, a Thomas Alva Edison le tocaron en Garibaldi un mariachi loco, en el más allá, enviado por Nikola Tesla, envuelto con los colores de Cauduro y la frase más pintada en paredes y muros de México: “fulanito es puto”. Como lo ha dicho Cauduro, el grafiti son las lágrimas de las ciudades. Y hay frases populares que son la esencia de cualquier obra, de cualquier vida. Solo hay que saber escribirlas y pintarlas para que tengan ese valor.

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Édgar Félix

Édgar Félix

Periodista desde 1984, desarrollador de medios digitales en Ghost y usuario avanzado de GNU/Linux. Insiste en el concepto de periodismo de código abierto.
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